Mi experiencia en el hospital infantil con el Programa de biblioterapias

Tengo un año cuatro meses de asistir al hospital infantil del DIF, a realizar la lectura de manera individual a un promedio de 5 niños por sesión. Las edades de estos niños fluctúan entre los 2 y 15 años y se encuentran en las salas de medicina interna y aislada; con una gama de padecimientos que van desde infecciones, enfermedades sistémicas, traumatismos y lamentablemente diferentes cánceres.
Los niños están en cama e invariablemente cuando me he acercado a cada uno de ellos, me presento diciéndoles que voy de la Biblioteca Central y que si desean que les lea algún libro; su respuesta es un SÍ, aunque puede ser un sí con mucho entusiasmo o tímido.
Dependiendo de la edad les doy a elegir entre tres libros el que desean que les lea, la primera lectura la describiría como momentos mágicos en los que olvidan momentáneamente su molestia o dolor y nos hace sentir como si nos conociéramos desde hace tiempo, claro que hay niños que por su larga permanencia en el hospital anticipan mi llegada y esperan con entusiasmo que me acerque a que les lea. En ocasiones sus papás aprovechan el corto tiempo que me quedo con su hijo para salir a comer o simplemente para que les dé el aire, cuando la permanencia en el hospital es prolongada me doy cuenta del agotamiento de la madre hasta notar que la mamá se va apagando poco a poco.
Ya he tenido la vivencia en varias ocasiones que al llegar a la sala pregunto por aquel niño o niña a la que frecuentemente le leía y me responden con “ya falleció”. Cada vez que me dicen esto tengo una sensación de vacío y me repito “hice por este pequeño o pequeña lo que podía hacer, compartir un rato agradable, ayudarlo a olvidar por un momento su dolor mediante la lectura”.
El asistir al hospital me ha permitido reflexionar profundamente sobre los regalos que la vida nos da y que no tienen precio como son la salud física, emocional y espiritual de nuestros hijos y de nosotros mismos, la capacidad de dar a los demás nuestro tiempo y experiencias.
No sólo participo con los niños en la lectura sino también escuchando y siendo empática con las mamás, comprendiendo el profundo dolor que sienten frente a la enfermedad de sus hijos.
Marta Leticia Sierra Morales
