La biblioteca pública antes y ahora: su importancia en la sociedad

Una biblioteca es algo más que un sitio para disfrutar y conocer los libros, es espacio para el encuentro social, para la convivencia ciudadana, en la biblioteca pública de nuestros distintos pueblos donde nacimos y crecimos, era el único espacio donde podíamos ver libros sin trabas, donde intuíamos que estaban en su medio natural, distribuidos y ordenados de forma singular, sin entender a bien porqué estaban clasificados de esa forma, sabíamos que ocupaban su lugar como lo hacen otros objetos en la naturaleza.

¿Quién de nosotros no se hizo promesas de leer los libros por librero entero?, ¿quién de nosotros no albergó la fantasía de poseer esos objetos que considerábamos fuentes de conocimiento?, vamos, ¿quién no soñó que un día al despertar lo iba a saber todo? En la biblioteca pública ocurre otra transformación en el universo del libro, los impresos manifiestan a plenitud su capacidad de multiplicarse en tantas voces como lectores tengan sus páginas.

El acto solitario de escribir sus contenidos y leer sus hojas, se reproduce en las salas de la biblioteca cuando coincidimos en la camaradería de la lectura por el disfrute y el entendimiento. Recordemos que la lectura y los libros eran un privilegio reservado a unos cuantos, herramientas de poder y control de las conciencias, muy evidente en la época donde los libros se hacían a mano en los conventos (descrita por Umberto Eco en El nombre de la Rosa), y que marcó en nuestro país una realidad insufrible que se vivió durante toda la Colonia.

La invención de la imprenta nos permite la multiplicación casi ilimitada de lo que antes era prácticamente único y difícil de copiar, se evoluciona y potencia la soberanía del individuo, de la persona, y en la actualidad ya no tenemos límites en nuestro afán de conocimiento.

Al leer en nuestro idioma y en la intimidad del hogar, sin la mediación autoritaria de una jerarquía, las gentes empiezan a tener ideas nuevas, asombrosas, sorprendentes, como que los méritos y el talento personal y no el origen o los privilegios distinguen a los seres humanos, sin menoscabo de nuestro derecho a la instrucción, la justicia y la libertad.

Como podemos deducir, la escuela y la biblioteca pública son el resultado de esas ideas verdaderamente revolucionarias, también son su fundamento; los lectores logran en la biblioteca pública verdaderos milagros, el mismo libro revive una y otra vez con cada uno de los lectores que lo han elegido, multiplicándolo como un alimento que nutre y no se acaba; que nos transforma de forma distinta, pues al estar formado de las mismas palabras cambia en la imaginación de cada leyente.

En las bibliotecas universitarias necesitamos credencial para tener acceso, en la librería dinero para adquirir el libro, en la biblioteca pública reina una profunda democracia que nos iguala, sólo se nos pide que sepamos leer y tener disposición de hacerlo.

Entrar en la biblioteca pública y pasar las horas no necesita de acreditación, de cuota, de promesa alguna; el trámite para sacar una credencial que nos permite llevar libros a nuestro hogar dura solo unos minutos, volteo a mirar a los usuarios de la sala, hay estudiantes universitarios, profesionistas trabajando mientras investigan, amas de casa, muchachos y niños.

En la biblioteca pública tenemos todo a nuestra disposición, todo es de todos y mío, nos pertenece, y sé que todos están conscientes de esto, su comportamiento es ejemplar, nos afanamos para cuidar esta biblioteca escuela de ciudadanía, orgullo nuestro y prueba concreta de lo que somos.

(JAL)

agosto 24, 2009 at 8:50 pm Deja un comentario

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