Archive for agosto, 2009

La biblioteca Pública, por José Vasconcelos

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No podría subsistir la escuela moderna sin el auxilio de una adecuada biblioteca. La amplitud de la cultura contemporánea hace del libro un instrumento cuya importancia no sospechó la antigüedad. En ninguna materia se podría hoy avanzar sin material impreso.

Por encima de cambios y reformas de métodos, lo que distingue la escuela moderna de la antigua es el caudal libresco de que hoy se dispone. Y por mucho que en determinadas ocasiones el educador y el pensador abominen de los libros y añoren la época del manuscrito, que dejaba libre la mente para trabajar a sus anchas, en realidad no se puede prescindir del libro sino temporalmente y después de haber anegado el alma en los conceptos de toda una biblioteca.

Como complemento y material de cursos, una pequeña biblioteca escolar es imprescindible en cada escuela. Como base de enseñanza general y célula de la difusión de la cultura, no se concibe una comunidad sin biblioteca pública. Nos limitaremos, sin embargo, en este capítulo a señalar la exigencia de la biblioteca en la escuela y como parte integrante del programa, en la misma categoría de urgencia que el taller o el aula o el campo de juegos. Aula máxima es la biblioteca y también lugar de recreo del espíritu.

En todo el mundo la biblioteca es anexo forzoso y, más bien dicho, porción integrante de una escuela bien dotada. Entre nosotros, la escasez del libro es máxima. Además, por razón del atraso cultural de nuestro idioma en los últimos tiempos, se hace necesario leer en francés o en inglés para subsanar deficiencias notorias.

De suerte que el problema de la lectura se vuelve agudo y no hay otra manera de resolverlo que por medio de la biblioteca, iniciada desde la primaria. Aparte los libros auxiliares de clase, que constituyen más bien la biblioteca del maestro, no es posible concebir una buena escuela sin su dotación de libros de carácter infantil.

Obligados nosotros, los mexicanos, a competir por la frontera y aun en el interior del país con la escuela norteamericana, que se adelanta reclutando alumnos para la subrepticia avanzada imperialista, pronto palpamos la desigualdad dolorosa. En materia de literatura infantil la escuela anglosajona es admirable. Y como no se puede defender la lengua ni el patrimonio sin salvar primero el espíritu, no basta con traducir las aventuras de Alicia in Wonderland. Es menester inventar las propias historias o tomarlas con gusto propio de las diversas fuentes de la literatura infantil universal. El problema se amplía, pues, de la constitución de una biblioteca infantil a la necesidad de crear los libros que llenarían tal biblioteca.

Algunas ediciones se hicieron por cuenta de la Secretaría de Educación, como los dos volúmenes de clásicos infantiles que toman las leyendas célebres del Oriente y el Occidente, de Europa y aun de la América precolombina. Da este libro una visión mundial de la literatura, en vez de la visión sajonizada que se deriva de la simple traducción de los textos extranjeros. Pero es claro que hay trabajo para toda una editorial durante varias décadas si queremos, ya no competir, por lo menos contener la influencia extranjera. Y sólo el gobierno puede emprender obra de esta índole.

Con la ventaja en nuestra América de que los esfuerzos de un gobierno se traducen en beneficio de todo el continente hispánico, que puede adquirir a bajo precio las ediciones que en un sitio se hagan. Como quiera que sea, es menester dotar a la escuela de los libros de literatura universal y de información general que hoy son el herraje indispensable a las faenas de la cultura. Los problemas que suscita la elección de estos libros, principalmente en lo que se refiere a la biblioteca escolar, deberán ser resueltos con el mismo criterio que integra el programa general de la enseñanza.

En cada caso, la difusión del libro va contemplando el programa, desde el taller hasta el aula y el teatro o la sala de exhibiciones estéticas. Ninguna rama de la cultura escapa a la exigencia del material escrito. Pero el problema interesante para el pedagogo surge cuando se trata de introducir al niño al mundo misterioso de la creación libresca. ¿Qué es lo que primero deberá leer? ¿Qué es lo que no deberá leer? ¿Hasta dónde alcanza en cada edad su comprensión y cuál es el método para mejor orientar la selección que ha de operarse entre la multitud de los autores? He aquí cuatro problemas de la biblioteca escolar.

Para responderlos hagamos punto omiso del párvulo, que, como ya apuntamos, tiene su literatura especial de cuentos y fábulas y literatura por la estampa, y trasladémonos del salón de los libros infantiles a la nave mayor de la biblioteca en donde ya tiene acceso el niño. ¿Cuáles son los libros que la escuela pondrá en sus manos? La respuesta, que se está haciendo esperar demasiado, es evidente: los clásicos, entendiendo por tales las cumbres del espíritu humano a través de los tiempos.

Quien vacile, recuerde que toda la escuela antigua no era otra cosa que el empeño de poner en contacto al alumno con el saber clásico. Y nuestra escuela moderna, ocupada todo el día en talleres y aulas de disciplinas especializadas, en canciones y juegos que roban cada instante, apenas dedica una mirada al panorama de la sabiduría.

La escuela moderna particularizada no tiene derecho de negar siquiera unas horas para establecer el contacto del niño con la gran literatura. Las lecturas clásicas darán al alumno lo que a menudo la escuela le niega: la sensación de la vida en su conjunto, el drama o la gloria de un destino en proceso.

A la objeción apuntada por algunos de que los niños no comprenden los clásicos, responded que una observación atenta descubre que abunda más el talento en la infancia que en el hombre. Algo de genio hay en cada niño, y sólo cuando crecemos nos vamos haciendo tontos. Uno u otro harán excepción. Pero la frescura, la agilidad, la penetración, el pasmo fecundo de la primera edad ya no se recobra. Dejad, pues, que se nutra la mente joven con la esencia más alta del espíritu humano y no con deshechos y con interpretaciones.

Alejad al niño de lo subalterno, ya que después, por obligación, tendrá que leer tanto libro mediocre. Enhorabuena que al seleccionar lo que llamamos clásico no se ejercite un criterio de profesor de humanidades; clásicos son los relatos de Swift y los cuentos de Andersen, clásico es el Quijote y es clásica también la buena risa. Pero no basta. Lo que el niño en realidad quiere desde la intimidad de su conciencia en alborada es un libro de epopeya.

Ningún ensayo pedagógico de los realizados en México ha sido más rotundo que el reparto de la Ilíada y la Odisea. Rápidamente se hicieron libros populares, y ningún niño dejó de amarlos. Por otra parte, a mis críticos les dije: “No estoy haciendo novedad; los niños de Norteamérica entran a la literatura por el vientre del caballo que conquistó Troya. Y son niños anglosajones. ¿Queréis que un niño latino ignore los antecedentes directos de su cultura?”

Algunos pastores protestantes indígenas alegaron que ellos eran aztecas. No me entretuve en decirles que sus maestros, los protestantes de Estados Unidos, se reservan para sí a Homero y al Dante. Quédense ellos entregados a la lectura de Marden. Ahora me dirijo a los 90 millones de hispanoamericanos, libres de bastardaje mental, y les recuerdo que sus antepasados, desde la infancia, gustaban de los clásicos griegos, leían a los latinos, se acercaban a las cumbres del espíritu humano, aunque todavía no poseyesen la máquina de calcular, el tractor de gasolina o el altoparlante.

Nada me parece más urgente que acercar a la juventud, desde la infancia, a los grandes modelos de todos los tiempos. No hay mejor cura para la mediocridad de la época. Y no posee la civilización elementos más poderosos de florecimiento que la constante comunión de los valores supremos que ha engendrado la especie. Todo el ambiente de una escuela puede transformarse y ascender con una prudente dosis de buena lectura sólida de clásicos: Homero, Platón, Dante, los universales, y, para nuestro uso, Cervantes, Calderón, Lope de Vega y Galdós, el último grande. Por vía de sugestión cito nombres; cada lista trae de por sí otros aliados y no es excluyente, sino orientadora.

En la biblioteca escolar iberoamericana tampoco han de faltar Andrés Bello y Sarmiento, Alamán y Martí, Montalvo, Rodó y Ugarte. No añado etcétera, porque la admisión de nuevos nombres ha de ser objeto de fulguración de sus obras, no resultado de condescendencia y secuencia o de afán de llenar el vacío de los anaqueles. Además, no hablo de la biblioteca en grande, que es también archivo de cultura y debe acogerlo todo, sino de la biblioteca de uso de una escuela, cuya atención está limitada por las tareas diversas y debe, por lo mismo, empeñarse en reconocer únicamente lo máximo.

Sobre lo que no debe leerse no hay quien no construya su Index. Las escuelas del Estado no tolerarían escritos antipatrióticos, así contengan la verdad histórica. Aparte los diversos fanatismos, hay, sin embargo, un acuerdo humano general para proscribir la literatura obscena, que tanto daña a la juventud. En este particular, el buen libro, la novela artística y de alta calidad literaria, serán el mejor recurso, mejor que la prohibición, para alejar a los jóvenes de los libros vulgares.

En la educación del gusto intervendrá el profesor de literatura; los maestros de arte influirán también en la elección de los libros de crítica plástica o musical. No se puede dar una norma fija; pero lo cierto es que el funcionamiento mismo va determinando normas de lectura que establecen hábitos y apuntan métodos. Sólo después de algún manejo de los libros ilustres de la humanidad se tiene derecho de entrar a elegir en persona en la masa de lo publicado. Únicamente la disciplina escolar orienta la lectura de modo que conduzca a la perfección de un panorama extenso, pero ordenado, del saber.

La carencia de una disciplina general rigurosa pone al autodidacta en condiciones de inferioridad sobre el escolar. Y una de las funciones más importantes de la escuela es vencer la anarquía de los lectores indoctos. Quien elige al azar no puede, por falta de método, descubrir siquiera sus verdaderas preferencias. Las jerarquías del gusto en literatura y en arte son producto refinado de la especulación y de la sensibilidad. Darlas a conocer, ya que no crearlas, es labor eficaz del maestro.

La regla de oro aquí, como en toda estimación del saber, consiste en referirse a las cumbres del alma para tomar el nivel del esfuerzo y del libro. Si se juzga la poesía, piénsese en Dante; si se es filósofo, no se olvide a Platón; si se apetece la literatura, recuérdese a Goethe; si se busca el pensamiento grande de los tiempos todos, comiéncese con los Vedas y frecuente el lector la Biblia. ¡Jesús aparte, nadie ha igualado a Isaías!


Tomado de José Vasconcelos, “De Robinson a Odiseo”, en Obras completas,

México, Libreros Unidos Mexicanos (Yaurel), 1961, PP. 1562-1566.




“Taller de estimulación del lenguaje y la lectura”…Una experiencia singular.

Por Marta Leticia Sierra Morales

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Desde que la Biblioteca Central del Estado “Ricardo Garibay” abrió sus puertas, se inició el “Taller de Estimulación del lenguaje y la lectura”.

El objetivo del taller es promover la lectura en bebés y niños pequeños, y acercarlos a los libros como un instrumento cotidiano, de diversión, aprendizaje y entretenimiento.

¿Qué actividades promueven la lectura en los niños pequeños? Leer es más que descifrar signos, es identificar imágenes y descifrar lo que ellas nos dicen, es transmitir las emociones de lo que se narra con la voz y la gesticulación, es aprender que la voz tiene ritmo y que el ritmo lo lleva todo mi cuerpo, es percibir lo melodioso de la voz a través de canciones, lectura de poesía, rimas, juegos corporales, las onomatopeyas, arrullos, llevar el ritmo con diferentes instrumentos y el mantener una conversación con el bebé.

La capacidad de los bebés para hablar, leer y escribir empieza con escuchar el lenguaje una y otra vez, como los adultos lo hablamos, sin distorsión.

Leerles a los bebés es una manera de convivir con ellos, de que se familiaricen con las palabras, la imagen correspondiente, con los signos del lenguaje escrito y con el mundo en el que viven, lo cual influirá en su futura alfabetización y en su formación como lectores. También los niños podrán descubrir que los libros son objetos que sirven para jugar con el pensamiento, con las imágenes y con el lenguaje es el inicio de otros descubrimientos: que los libros se pueden oír, ver, contar, leer y representar las acciones en ellos contenidas.

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¿Cuáles son las recomendaciones que hacemos para acercar a los bebés y niños pequeños al mundo maravilloso de los libros y la lectura?

  • Procurar llevar libros infantiles cuando tenga que salir de casa para entretener al niño.
  • Establecer un lugar tranquilo donde el niño pueda leer, escribir y dibujar.
  • Ayudar al niño a comprender la importancia de la lectura. Darle un buen ejemplo leyendo libros, revistas, y periódicos.
  • Limitar el tiempo frente a la televisión y pasar más tiempo acurrucado con el niño leyendo libros con él.
  • Buscar bibliotecas y organizaciones comunitarias para que le asesoren en los libros adecuados a la edad del niño, sugerirle modos creativos de usar los libros y la asistencia a las actividades de lectura que ahí se ofrecen.

En mi experiencia con el “Taller de Estimulación de lenguaje y lectura” es notable la capacidad de los pequeños para poner atención y la expresión de estar disfrutando de las diferentes actividades que en él realizamos. Identifican imágenes, las relacionan con su palabra, observan atentamente las imágenes de los libros y la escucha del relato durante la lectura de los mismos, así como el desarrollo de su lenguaje y su fluidez.

Puedo asegurar que el objetivo de este taller se ha cumplido y que nunca es demasiado temprano para acercar a los niños al fabuloso mundo de los libros.





La responsabilidad de un bibliotecario

Las innovaciones tecnológicas como sabemos han modificado la función que tenemos de las bibliotecas públicas, estas herramientas sin embargo deben serlo en el cabal peso de la palabra: herramientas, y no una imposición técnica que nos esclavice, deben ser sólo eso, medios.

Antes y después de la aparición del universo digital, teníamos presente la labor principal de la biblioteca, facilitar el derecho a la información a todo ciudadano sin distingos. Nos planteamos la pregunta, información ¿para qué?, para ser más libres y justos.

Este será el meollo de la ética del bibliotecario, de su profesión, llevar a la plena observancia ese dictum; los griegos llamaron ética al estudio del ethos, es decir del carácter, de las actitudes o la personalidad moral, por lo que la ética profesional no debe caer en el viejo estilo del adoctrinamiento, ni en el sermón sentimental.

La ética debe operar en su capacidad creativa, ser funcional tanto para el bibliotecario como para el usuario, la ética no es algo por descubrir en manuales o introducciones al tema, es más bien algo por construir, producto de diversos factores.

¿Será cierto que cualquiera sirve para colocar libros y llevar una biblioteca?, para la mayoría por supuesto, un bibliotecario es 1º. El que trabaja en una biblioteca, 2º. El que se dedica a prestar libros y lee todo el día, 3º. Una profesión descansada y relajante.

Muy pocos lo ven como la persona que de manera profesional se ha formado durante años, con alguna especialización dentro del ámbito laboral; un servicio social con tareas y funciones específicos, ejercido por un grupo de personas que se dedican a ello de por vida, con capacitaciones periódicas o permanentes en aspectos teóricos o técnicos, para ejercer su libertad y compromiso profesional frente a cada uno de los usuarios.

La Biblioteca Pública es uno de los servicios públicos más cercanos y utilizados por la sociedad en su conjunto. Una mayor difusión de sus tareas entre los ciudadanos, dignificará la figura del bibliotecario, generará nuevas conductas y mejores hábitos, facilitándose el logro tanto de metas, como de los objetivos que persigue la biblioteca pública como servicio básico de la comunidad.

En nuestro país son numerosos los compañeros que entraron en su día a trabajar en la biblioteca pública, sin formación académica (es decir, egresados de la licenciatura en biblioteconomía), y que con su esfuerzo y dedicación han llegado ser verdaderos profesionales, ya que la formación y el perfeccionamiento profesional dependen sobre todo de una buena disposición moral.

Es en el ejercicio de la profesión donde el hombre se inserta principalmente en el mundo; la ética profesional nos habla de la humanización de la vida social mediante el ejercicio de la profesión, donde la personalidad ética del bibliotecario, es el factor más importante de un buen ejercicio profesional, ya que la técnica o las distintas habilidades se pueden aprender y depurar solo si se tiene una buena actitud moral.

El otro aspecto que debemos recordar, es que los bibliotecarios somos responsables en diferentes grados y niveles de gestión, de bienes y recursos públicos. El hecho es que somos funcionarios públicos con prestaciones diversas, y la seguridad de un sueldo estable (insuficiente), que provoca a veces la conformidad cumpliendo los mínimos legales de horarios, tareas, esfuerzos y responsabilidades.

Recordemos que el pensador alemán Max Weber describió al funcionario como una persona que se limitaba a cumplir órdenes, aunque sabía que eran contraproducentes, descargando toda la responsabilidad en la autoridad; lo cual sería triste en los bibliotecarios, porque el suyo es en palabras de Julia García un oficio en el que es incomprensible el desamor.

De manera romántica decimos, que una biblioteca no se define por el número de volúmenes ordenados, o por la cantidad de espectadores que concurren a las actividades culturales, sino por la profundidad de los encuentros amorosos, de sus lectores con los libros, por lo que las cifras y las estadísticas no deben ser metas primordiales.

Regresemos a la pregunta de origen, información ¿para qué?, En la actualidad la cantidad de información que proporciona una biblioteca puede ser desmesurada, lo que produce confusión y desorientación en el usuario. Vivimos tiempos paradójicos, es irónico que nunca tanta información estuviese disponible para tantas personas, con una preparación cultural tan escasa para asimilarla. En alguna parte, Umberto Eco se refiere a esto, el exceso de información equivale al ruido. La censura ya no se ejerce por retención o eliminación sino por profusión. Todo el problema es pues llegar a filtrar esa sobreinformación, y hacerlo al instante porque ya no tenemos, para realizar ese filtrado, el tiempo de reflexión del que disponíamos antes.

Ante tal cúmulo de información, le corresponde al bibliotecario acompañar al interesado en la elección del material apropiado, al descartar datos para encontrar las respuestas precisas; lo importante ya no es difundir y multiplicar la información, sino contribuir en la formación del ciudadano; pues el bibliotecario es un gestor de la información entre ella y el interesado, un intermediario que colabora en la capacitación del usuario como investigador, como productor de información adecuada y necesaria.

Esto sólo se consigue por medio del trato directo con el usuario, ya que el fin último de la Biblioteca Pública es ayudar a cada persona en la búsqueda de conocimiento de sí mismo y del mundo, mejorar en la medida de nuestras posibilidades la educación y el acceso amable a la información, ayudar a la autoformación de mejores ciudadanos, más libres, críticos, autónomos, tolerantes, solidarios y participativos, al conservar para todos los bienes públicos que tenemos en custodia.

(JAL)






La biblioteca pública antes y ahora: su importancia en la sociedad

Una biblioteca es algo más que un sitio para disfrutar y conocer los libros, es espacio para el encuentro social, para la convivencia ciudadana, en la biblioteca pública de nuestros distintos pueblos donde nacimos y crecimos, era el único espacio donde podíamos ver libros sin trabas, donde intuíamos que estaban en su medio natural, distribuidos y ordenados de forma singular, sin entender a bien porqué estaban clasificados de esa forma, sabíamos que ocupaban su lugar como lo hacen otros objetos en la naturaleza.

¿Quién de nosotros no se hizo promesas de leer los libros por librero entero?, ¿quién de nosotros no albergó la fantasía de poseer esos objetos que considerábamos fuentes de conocimiento?, vamos, ¿quién no soñó que un día al despertar lo iba a saber todo? En la biblioteca pública ocurre otra transformación en el universo del libro, los impresos manifiestan a plenitud su capacidad de multiplicarse en tantas voces como lectores tengan sus páginas.

El acto solitario de escribir sus contenidos y leer sus hojas, se reproduce en las salas de la biblioteca cuando coincidimos en la camaradería de la lectura por el disfrute y el entendimiento. Recordemos que la lectura y los libros eran un privilegio reservado a unos cuantos, herramientas de poder y control de las conciencias, muy evidente en la época donde los libros se hacían a mano en los conventos (descrita por Umberto Eco en El nombre de la Rosa), y que marcó en nuestro país una realidad insufrible que se vivió durante toda la Colonia.

La invención de la imprenta nos permite la multiplicación casi ilimitada de lo que antes era prácticamente único y difícil de copiar, se evoluciona y potencia la soberanía del individuo, de la persona, y en la actualidad ya no tenemos límites en nuestro afán de conocimiento.

Al leer en nuestro idioma y en la intimidad del hogar, sin la mediación autoritaria de una jerarquía, las gentes empiezan a tener ideas nuevas, asombrosas, sorprendentes, como que los méritos y el talento personal y no el origen o los privilegios distinguen a los seres humanos, sin menoscabo de nuestro derecho a la instrucción, la justicia y la libertad.

Como podemos deducir, la escuela y la biblioteca pública son el resultado de esas ideas verdaderamente revolucionarias, también son su fundamento; los lectores logran en la biblioteca pública verdaderos milagros, el mismo libro revive una y otra vez con cada uno de los lectores que lo han elegido, multiplicándolo como un alimento que nutre y no se acaba; que nos transforma de forma distinta, pues al estar formado de las mismas palabras cambia en la imaginación de cada leyente.

En las bibliotecas universitarias necesitamos credencial para tener acceso, en la librería dinero para adquirir el libro, en la biblioteca pública reina una profunda democracia que nos iguala, sólo se nos pide que sepamos leer y tener disposición de hacerlo.

Entrar en la biblioteca pública y pasar las horas no necesita de acreditación, de cuota, de promesa alguna; el trámite para sacar una credencial que nos permite llevar libros a nuestro hogar dura solo unos minutos, volteo a mirar a los usuarios de la sala, hay estudiantes universitarios, profesionistas trabajando mientras investigan, amas de casa, muchachos y niños.

En la biblioteca pública tenemos todo a nuestra disposición, todo es de todos y mío, nos pertenece, y sé que todos están conscientes de esto, su comportamiento es ejemplar, nos afanamos para cuidar esta biblioteca escuela de ciudadanía, orgullo nuestro y prueba concreta de lo que somos.

(JAL)




La biblioteca pública en el Siglo XXI


Quiero compartirles algunas ideas sobre la biblioteca pública con el único objeto de intercambiar puntos de vista e iniciar un diálogo sobre este tema.

La biblioteca tradicional es el producto del saber acumulado en libros, está estructurada para su conservación y organizada para la recuperación de la información recopilada en ellos. Sin necesidad de profundizar en la historia de las bibliotecas, responden funcionalmente a lo que se esperaba de ellas, un lugar donde se pudieran concentrar libros para facilitar una rápida consulta, para este fin las bibliotecas públicas tradicionales cumplen con sus objetivos.

La biblioteca pública vive en medio de dos revoluciones de enorme trascendencia: de Gutenberg a la cibernética. El libro como eje fundamental de las bibliotecas, su clasificación y catalogación, su promoción y préstamo, ya no es más el actor indiscutido del conocimiento.

Es comprensible que los bibliotecarios tengan un lazo afectivo muy fuerte con la letra impresa y consideren al libro como un elemento insustituible para el crecimiento intelectual de los usuarios. Lo mismo pasa con los maestros que ven en el libro la cuna del saber. Por supuesto es lo que nos sirve para aprender a leer y la lectura es el soporte del conocimiento, sin embargo surge la pregunta ¿hasta cuándo?.

Los nuevos soportes de la información, multimedia, libros electrónicos, Internet, han provocado una transformación profunda que se desarrolla ante nuestros ojos y tiene tal difusión que en la mentalidad colectiva han instalado la polémica idea de que encarna el paradigma del futuro.

La cada vez mayor dependencia de la era electrónica en nuestra vida cotidiana, sobre todo en el ámbito administrativo y organizativo, vuelven ineludible el capacitarnos adecuadamente en el manejo del mundo digital.

La biblioteca virtual tan citada está ya con nosotros, como sabemos el soporte electrónico de la información por medio de cables de fibra de vidrio o de las microondas, ha dejado de ser un sueño para convertirse en una realidad incuestionable.

Los bibliotecarios de todos los países han tenido que cambiar, modernizarse para compartir con la multimedia, buscar nuevos canales de transmisión de la información, para brindar a los usuarios uno de los bienes más preciados: la información del mundo. Las bibliotecas públicas en México no podían quedar al margen del desarrollo social y económico del país, por ello el gobierno del estado de Hidalgo decidió no rezagarnos en el avance cultural y educativo, decididamente construyó en la Biblioteca Central una de las bibliotecas más modernas y a la vanguardia de los servicios que se ofrecen a los usuarios en toda la república.

La BCEH como biblioteca del SXXI no desatiende el papel del bibliotecario en la era de las tecnologías de la información, atiende las nuevas necesidades informativas y bibliográficas por medio del servicio de Referencia.

Es necesario redescubrir la función educativa de la biblioteca pública moderna, porque al tener todas las herramientas de investigación juntas contribuye al desarrollo social, ya que el amplio espectro de los usuarios de todas las clases sociales, edades, grados de educación, nos dan un exacto retrato de las diversas inquietudes educativas de la población hidalguense y mexicana.

Recordemos que entre todas las instituciones culturales que tiene cualquier estado moderno, la Biblioteca Pública es la joya de la corona (republicana por supuesto), la summa de todas, por ser la más inmediata y democrática, “porque cualquier persona al presentarse en la biblioteca tiene acceso automático a los servicios que presta, sin menoscabo de su condición social, cultural, religiosa, educativa, política o de edad.”

(JAL)




Mi experiencia en el hospital infantil con el Programa de Biblioterapias

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Tengo un año cuatro meses de asistir al hospital infantil del DIF, a realizar la lectura de manera individual a un promedio de 5 niños por sesión. Las edades de estos niños fluctúan entre los 2 y 15 años y se encuentran en las salas de medicina interna y aislada; con una gama de padecimientos que van desde infecciones, enfermedades sistémicas, traumatismos y lamentablemente diferentes cánceres.

Los niños están en cama e invariablemente cuando me he acercado a cada uno de ellos, me presento diciéndoles que voy de la Biblioteca Central y que si desean que les lea algún libro; su respuesta es un SÍ, aunque puede ser un sí con mucho entusiasmo o tímido.

Dependiendo de la edad les doy a elegir entre tres libros el que desean que les lea, la primera lectura la describiría como momentos mágicos en los que olvidan momentáneamente su molestia o dolor y nos hace sentir como si nos conociéramos desde hace tiempo, claro que hay niños que por su larga permanencia en el hospital anticipan mi llegada y esperan con entusiasmo que me acerque a que les lea. En ocasiones sus papás aprovechan el corto tiempo que me quedo con su hijo para salir a comer o simplemente para que les dé el aire, cuando la permanencia en el hospital es prolongada me doy cuenta del agotamiento de la madre hasta notar que la mamá se va apagando poco a poco.

Ya he tenido la vivencia en varias ocasiones que al llegar a la sala pregunto por aquel niño o niña a la que frecuentemente le leía y me responden con “ya falleció”. Cada vez que me dicen esto tengo una sensación de vacío y me repito “hice por este pequeño o pequeña lo que podía hacer, compartir un rato agradable, ayudarlo a olvidar por un momento su dolor mediante la lectura”.

El asistir al hospital me ha permitido reflexionar profundamente sobre los regalos que la vida nos da y que no tienen precio como son la salud física, emocional y espiritual de nuestros hijos y de nosotros mismos, la capacidad de dar a los demás nuestro tiempo y experiencias.

No sólo participo con los niños en la lectura sino también escuchando y siendo empática con las mamás, comprendiendo el profundo dolor que sienten frente a la enfermedad de sus hijos.

Marta Leticia Sierra Morales




La discapacidad

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La discapacidad es una realidad humana que ha sido percibida de manera distinta en diferentes civilizaciones y períodos históricos, la cual puede aparecer desde el nacimiento o durante la vida de las personas.

El término se refiere al funcionamiento del individuo respecto a la capacidad física, la discapacidad sensorial, cognoscitiva, intelectual, la enfermedad mental y las enfermedades crónicas.

En los comienzos de la lucha por los derechos civiles en los EUA a finales de los años 60’s y con el nacimiento del movimiento de los consumidores, se extiende a todo el mundo la idea de defender los derechos específicos de las personas con discapacidad.

El movimiento de derechos de los discapacitados dirigido por personas discapacitadas comenzó en los 70’s, el concepto de “vida independiente” fue tomado en 1959 de la legislación del estado de California (USA) que contemplaba ayuda oficial para los pacientes de hospitales que deseaban volver a casa.

La Organización de las Naciones Unidas proclamó el año de 1981 como “Año internacional de las personas con discapacidad”, la UNESCO aceptó en 1984 el lenguaje de señas para su uso en la educación para niños y jóvenes sordos. Las Naciones Unidas acordaron el 13 de diciembre de 2006 la convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, que es el primer tratado sobre derechos humanos del siglo XXI.

La evolución de la defensa de estos derechos ha desarrollado la percepción que se tenía de la discapacidad, hoy en día hay varios modelos sociales que añaden nuevas apreciaciones, así, se distingue entre un discapacitado, que tiene una habilidad menor a la media y una persona con habilidades distintas, que no representa ninguna ventaja como es el caso de los zurdos.

Existen cuatro tipos principales de discapacidad: física, psíquica, sensorial, mental o intelectual.

La discapacidad física se define como una desventaja resultante de una imposibilidad, que limita o impide el desempeño del cuerpo, primordialmente los brazos y las piernas. Esta incapacidad se presenta muchas veces relacionada a problemas durante la gestación, bebé prematuro o dificultades durante el parto; también es originada por lesión medular a causa de accidentes o problemas del organismo.

La discapacidad sensorial corresponde a personas con deficiencias visuales, con sordera y quienes presentan problemas en el lenguaje y la comunicación. Por lo común conllevan graves efectos psico-sociales que producen o agravan cuadros de depresión, ya que les crea problemas de comunicación con su entrono que los desconecta del medio y los convierte en personas aisladas y solitarias.

La pérdida de la visión se puede producir durante el embarazo, ciertas enfermedades que van de la rubéola y el sarampión a la sífilis, por usar sustancias tóxicas en la niñez y por accidentes que van de heridas a traumatismos. La deficiencia auditiva puede ser adquirida por predisposición genética, ingesta de medicinas y por las enfermedades ya anotadas.

La discapacidad psíquica se presenta cuando una persona tiene trastornos en el comportamiento adaptativo, probablemente permanentes que pueden ser provocados por diversos trastornos mentales como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, los trastornos de pánico, el trastorno esquizomorfo e incluso una depresión mayor.

La discapacidad mental o intelectual se presenta como una función significativamente por debajo del promedio conocido, que coexiste con limitaciones en áreas relativas a la comunicación, el autocuidado, a las habilidades sociales, a la participación familiar y comunitaria, la autonomía, la salud, la seguridad, la funcionalidad académica y laboral, estas limitaciones se manifiestan antes de los 18 años.

Los síntomas los podemos identificar cuando el joven tiene dificultades en dos o más áreas y un nivel de inteligencia menor a la media que por lo normal se detecta en edades tempranas, el síndrome de Down es la causa más conocida.

La famosa corrección política nos obligó desde hace algunos años a dejar de lado términos como ciego, sordo e incluso “discapacitado” porque se decía que se etiquetaba a una persona, lo correcto era/es “persona con discapacidad”, “persona invidente”, “persona con sordera”, “persona con movilidad reducida”, sin embargo los mismos usuarios de la sala Braille nos devolvieron a una familiaridad de términos que no son ofensivos nos dicen, ellos se autonombran “ciegos” y se despiden con el tradicional “ai nos vemos” y “te veo luego”.

La Organización Mundial de la Salud distingue entre las funciones del cuerpo (fisiológica, psicológica, visual) y las estructuras del cuerpo, es decir las piezas anatómicas, por ejemplo el ojo, así la disminución de la estructura se acentúa como consecuencia de la anomalía, del defecto o de la pérdida.

Para la OMS existen dos modelos para entender la discapacidad, el modelo social y el modelo médico, en el primero la discapacidad es un problema social creado básicamente por la falta de integración completa de los individuos, es la responsabilidad colectiva de la sociedad la que debe hacer las modificaciones ambientales necesarias, para la integración completa de las personas con discapacidad en todas las áreas de la vida social.

El enfoque médico ve la discapacidad como una enfermedad, causada directamente por una deficiencia, un trauma o por problemas de salud y por lo tanto requiere de la asistencia médica suministrada por un profesional de la salud.

Algunos activistas de los derechos humanos con discapacidad nos recuerdan que muchas personas desarrollaremos o tendremos discapacidades en un cierto punto de nuestras vidas debido a accidentes, a la enfermedad o la edad, lo que supone que siempre será un problema social acuciante, la mejor manera de solucionarlo es tener siempre leyes adecuadas para proteger los derechos de todos.

Según estos juicios ¿todos vamos a ser el día de mañana discapacitados?, ¿Qué debemos hacer, atender las discapacidades por conveniencia o por humanidad?

(JAL)




Datos Históricos Sobre el Estado de Hidalgo

El portal de la Biblioteca Daniel Cosío Villegas de El Colegio de México, acaba de subir en la biblioteca digital su obra más reciente: el Diccionario Geográfico, histórico y biográfico de los Estados Unidos Mexicanos, de Antonio García Cubas (1832-1912), México, Murguía, Secretaría de Fomento 1888-91. Hemos tomado de ésta importante obra histórica, las páginas que van del 204 al 209, donde aparecen los datos sobre el estado de Hidalgo que queremos compartirles.

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¿Qué celebramos en el Día Nacional del Libro?

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Dicen los clásicos que el libro es una metáfora del universo, la encarnación del desarrollo del espíritu humano, se le concibe como el instrumento idóneo que mide el grado de desarrollo cultural de una nación, de forma casi similar se afirma que es el objeto ideal de transmisión del conocimiento y si lo piensas bien es la herramienta del placer por antonomasia.

El libro es también palanca de la Historia pues los hombres de acción que han transformado la memoria de los pueblos han sido hombres de libros, no cuesta mucho imaginar que Cristóbal Colón descubrió el nuevo mundo en una biblioteca mediante la lectura escrupulosa y reflexiva de cosmogonías y textos antiguos.

Los grandes descubrimientos y aportaciones al progreso y desarrollo de las ciencias y la tecnología están orientados por un sinnúmero de libros clave, los grandes modernizadores inician su búsqueda incierta al volver la vista a la antigüedad para indagar en los libros las respuestas decisivas que impulsarán sus nuevas ideas.

De material privilegiado de las élites durante la colonia el libro pasó a ser un arma inquietante “nada se parece tanto a la boca de una cañón como el tintero abierto” escribió Víctor Hugo el autor de “Los miserables”.

Recordemos a Miguel Hidalgo y Costilla como lector de los Enciclopedistas franceses y la repercusión que las ideas de igualdad y libertad albergaron durante la revolución de Independencia.

El siglo XX mexicano encuentra en el libro un factor revolucionario de movilidad social, de la cruzada Vasconcelista donde se imprimieron y repartieron a la población decenas de miles de volúmenes con los autores clásicos a los tirajes de millones de ejemplares de los libros de texto gratuitos.

En los albores del siglo XXI el libro deja de ser obra de valor sustancial y se convierte en objeto de consumo, de mercancía; no son pocos los que aseguran su desaparición, este juicio apresurado que siempre ronda los temas de conversación y es nota de actualidad en las revistas de salón ha sido reforzado con la aparición del Internet.

A la Red virtual se le han atribuido cualidades casi mágicas, muchos piensan y dicen que el conocimiento y el saber se han democratizado y están al alcance de un clic, facilitándole todo el saber al usuario digital que se convierte en un privilegiado al contar con esta herramienta innovadora.

Sin embargo nos aseguran los especialistas en educación que siguen muy de cerca el comportamiento de las nuevas generaciones de estudiantes que no hay mejora en la capacidad para la retención y el trabajo escolar y no ayuda a fomentar la curiosidad crítica.

El conocimiento milenario y las novedades científicas siguen a la espera de ser leídas en los libros que “descubrimos”en las bibliotecas y librerías y no en los sitios de entretenimiento y en algunas páginas Web, es por ello que el libro conservará por mucho tiempo el papel definitivo de vehículo trascendental de transformación personal y social.

Este 12 de Noviembre conmemoraremos el Día Nacional del Libro con diversos actos, las librerías regalarán un libro a sus clientes, en las escuelas se efectuarán lecturas colectivas y en las bibliotecas se desarrollarán distintos eventos, esperamos contar con tu asistencia.

Piénsalo te invitamos a que hagas del libro tu mejor amigo.

agosto 24, 2009 at 8:56 pm Deja un comentario

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